Un folio en blanco

julio 22, 2006

borracho surfeurope.org.jpg

Los primeros rayos asoman por la persiana.
Se proyectan sobre mi cara, dejándome ciego. Media vuelta. Estoy cansado.
El reloj sigue imparable. Es sábado y estoy de vacaciones. No veo más allá de mi sábana de color azul. Si acaso el póster de roxy y algunas postales de Ibiza decoran las paredes. El Mundo Real puede esperar…
Pero no más. ¿Habrá olas? una de las cosas que no me puedo quitar de la cabeza. Llámalo enfermedad. Aunque había mirado las previsones, la mar es muy caprichosa. Es muy pronto pero necesito saber la respuesta. Abro la webcam de la playa…
la mar está tirada.
Un par de llamadas… y decidimos no entrar. Ya habrá tiempo de hacer otros planes. De todas formas me pasaré a verla en vivo, en un par de horas.

Me tumbo mirando al techo. Sólo el portátil, a mi derecha, con su puto zumbido taladrándome la cabeza, rompe el silencio de la mañana. De hecho, debería dejarme de historias y bajar a trabajar. Por suerte, rápidamente me olvido.
Veo que el sol va a cascar bastante… es difícil juntar buen tiempo y alguna espuma.

En un cuarto tan pequeño hay tiempo para pensar.
Entre otras cosas, sobre aquellos días en los que la cosa se crecía y la única manera de entrar era jugando con la corriente. Por entonces no me era muy difícil atravesar las series. La verdad es que estaba en bastante buena forma, por eso de correr y el gimnasio. Ahora me siento torpe, me falta vidilla, fuerza, resistencia. Como otras veces, tiempo al tiempo.

En estos momentos, cuando estoy solo, podría escribir un libro con todo lo que me pasa por la cabeza. Por su parte, las olas de 3 metros en mi imaginación tienden a crecer de forma exponencial, así que uno a veces se cree un héroe, y a los amigos les suelta que si se metió con la mar gigante… que si lo hubieran visto
Ya no sé que creer.

No sé si me enamoré de lo que he visto o de lo que he imaginado.

Necesito aire. Me está entrando un calor…
Ojalá más gente pudiera sentir lo que se siente encima de una tabla. Esa rampa que se abre ante tí…
no sé, no se puede explicar… es sólo un montón de agua, … no, no.

No sólo hay charcos en mi cabeza, me quedo el resto para mí.

Lo peor de todo es que a veces uno se cree un poeta, y puede llegar a escribir cosas como ésta. Mientras pulso las teclas… ¿de verdad a alguien le importa esto? la vida está llena de demasiados poetas fabricados en serie. Mucha gente en muchos lugares pensando lo mismo, pero no se conocen. No importa, lo escribo porque me gusta. No hay nadie que me escuche a estas horas, sólo la pantalla del ordenador. Un folio en blanco.

Es tarde. Había empezado este artículo por la mañana. Ahora debería estar por la calle tirado, pero diversos motivos me lo impiden… qué mejor que compartir los últimos momentos del día contigo. No sabes lo difícil que es hablar sólo, escogiendo cada palabra, intentando decir lo que quiero decir… y que te guste. Si mañana pensabas pillar algo (en el cantábrico), mejor vete a cargar las pilas porque me parece que va a ser lo más parecido a una ola que veas esta semana.

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