Desertar

octubre 15, 2006

Por las noches, sus alaridos se hacen insoportables. Su dolor, lo más auténtico que ha habido en esa cama en los últimos quince años, lo padecemos tanto como él. Desvaría. Cada tres horas, cuando se le pasa el efecto de los calmantes y, antes de que al enfermero que le vela le de tiempo a ponerle unos nuevos, alcanza unos segundos de lucidez y, por costumbre, blasfema. Yo miro a mi compañero conteniendo, con mucho esfuerzo, la risa. Es difícil: hemos llegado a la conclusión de que esta semana estamos aprendiendo a decir “¡Hostia puta!” y “¡Me cago en Dios!” en polaco.

gmj

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.